Después de unos años oscuros por la pandemia, he tomado la decisión de culminar mis estudios de Piano haciendo un máster en el extranjero. Siguiendo el consejo de mis compañeros y maestros, he hecho pruebas en los Países Bajos y he sido admitido para entrar al primer curso de Máster en el Real Conservatorio de La Haya.
El proceso fue algo extraño. El primer conservatorio al que me presenté fue el de Ámsterdam, que tenía una eliminatoria por vídeo en la que fui eliminado. No tenía muchas esperanzas, ya que lo del vídeo es siempre algo incierto e impreciso. Después, me presenté a La Haya, con algo más de expectativas porque la prueba incluía un texto académico en el que había que plantear un proyecto de máster (algo más tangible) y, además, pude presentar el concierto que hice en Amorebieta con la banda, lo cual creo que fue bastante atractivo.
La noticia de la admisión en La Haya la recibí el mismo día que cuando me dijeron de la Academia Sibelius que, tras la preselección de vídeo, había sido invitado a la ronda final. Me dio lástima no poder asistir a la prueba, porque era una de mis opciones favoritas, pero los gastos que había que afrontar para realizarla entre viajes, estancia y papeles ascendían a unos mil euros, cosa que no me podía permitir sabiendo que ya había sido admitido en otro centro también de alto nivel y más cercano.
Ha sido un curso difícil, ya que este año he estado trabajando en la Sociedad Coral de Bilbao como pianista del coro y en otros dos conservatorios como profesor, todo ello compaginado con mi actividad de conciertos y clases particulares, y preparar la prueba de acceso. Ahora tendré que compaginar mis estudios con los conciertos y algunas clases para no dejar de lado mi trayectoria profesional.

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